Desde que nacemos hasta que morimos, todo es un viaje. Al principio caminamos con miedo, miedo a lo desconocido, miedo al no saber qué hacer pero, poco a poco; vamos avanzando.
Vamos viendo distintos lugares y escenas que nos marcarán, unos para bien y otros para mal. Conoceremos a distintas personas, muchas de ellas se irán con la misma indiferencia con la que aparecieron pero otros se convertirán en personas muy importantes para ti.
No todas esas personas se quedarán a tu lado para siempre, algunos solo estarán durante un determinado tiempo y luego, quieras o no; desaparecerán. También debes saber que el camino por el que avanzas no siempre será tu amigo, muchas veces tendrás que elegir entre varios dilemas, sabiendo que esa elección modificará tu vida.
También te encontrarás con muchos obstáculos que te harán caer una y otra vez al suelo, pero es lo que toca; debes saber que algunas de esas caídas serán tan fuertes que te marcarán para siempre.
Sé que habrán veces en las que no podrás más, que tendrás las rodillas destrozadas de tantas caídas y te levantarás a pensar si merece la pena seguir adelante. Y déjame decirte que sí, que merece la pena, por más caídas, lágrimas derramadas y despedidas que sufras; merece la pena.
¿Y por qué? Porque si te rindes nunca sabrás lo que te espera más allá, nunca sabrás qué vendrá después de esa lágrima, las personas que te estarán esperando, los miles de momentos, tus triunfos...
Te doy un consejo y es que nunca retrocedas ya que eso no hará que lo perdido vuelva; solo sigue adelante y nunca dejes de caminar, porque la vida es un viaje y tú eres quien decide su rumbo.