"Find what you love and let it kill you", dijo Bukowsky. Déjame decirte que no se refería a ese tipo de amor áulico del que hablan las historias. No. Se refería a ese tipo de amor que te empapa el alma y te consume por dentro. A ese atentado contra las alturas cada vez que te quema con la mirada y a la metáfora que supone el roce de su piel. Al oxímoron que forman las palabras guerra y paz cuando hablas del dulce placer de su existencia y a lo sistemático que parece todo cuando dejas de naufragar en su boca. A caprichos efímeros, a amores que matan.
Pero es imposible volver a arder si te aferras a un pasado que te hace ser la sombra lúgubre de lo que un día fuiste. Porque tú también olías a primaveras antes de que el invierno evaporara el calor de cada resquicio de tu cuerpo. Y ahora, sólo te queda jugarte el alma y perder el corazón para volver a soñar este otoño. Para que duela. Porque si duele significa que te importa. Porque si duele es que estás viva de verdad y no perdida en ese último retazo de consciencia que te dice que huyas. Ya has huido durante demasiado tiempo. Libérate a ti misma. Siente.
Y ahora se acercan brisas con sabor a París. Changez-vous ma vie, s'il vous plaît. Todos necesitamos ser salvados y yo podría hacerlo estremeciéndote el alma (y la razón).


